martes, 24 de abril de 2007

Cinco minutos de Civismo.

Tal y como salen las hormigas del hormiguero cuando los niños las alborotan, así salieron todas las personas de los edificios cuando vieron esa grúa acercándose a los carros mientras los policías de transito parecían satisfechos al mirar aquel espectáculo.

Eran las 9:30 de la mañana y en aquel restaurante pequeño de la carrera 3aN # 8N-31 de Cali había una gran cantidad de gente desayunando. A menos de una cuadra había un parqueadero que se encontraba casi vacío. Frente al restaurante había muchísimos carros, que pertenecían a la gente que comía en el restaurante y de los que trabajan en los edificios aledaños.

Últimamente la clientela del restaurante se había incrementado, todos los días venían más personas. Ya habían conseguido recursos para remodelar el lugar, que había quedado muy agradable. Pero fue por esta razón también que la vía se llenaba cada vez más de automóviles en una zona en la que el parqueo es prohibido, y donde son varias las señales que lo anuncian.

De pronto apareció una moto con un guarda de transito que venía seguida por una grúa con otro guarda y el operario de la grúa. Hubo como un lapsus muy breve en el que el mundo parecía en pausa y preparándose para algo que iba a ocurrir.

Las mesas del restaurante se desocuparon casi instantáneamente. De los edificios cercanos salían varias personas corriendo y movieron sus carros.

Los policías parecían cazadores acechando presas. El que iba en la moto se bajó rápidamente después de estacionarla y sacó una cámara digital. El otro policía se bajo de la grúa con una libreta en la mano. Su expresión lo decía todo, le gustaba lo que estaba haciendo.
“Mire la cara que pone. Esos tipos si son malosos” decía una mujer que se encontraba en el lugar.

El guarda con la cámara empezó a tomarle fotos a todas las placas de los carros que había cerca. Parecía como fotografiando modelos, pues en su cara se podía percibir cierta expresión de morbo. Los policías sabían que es ilegal llevarse el carro del dueño si él está presente, por eso tomaban las fotos, para tener registro de los carros que incumplían la norma aún si los dueños los quitan rápido.

Había algunos carros que aún no habían recogido, y las personas que ya habían acudido por el suyo pitaban y ponían las alarmas de adrede como llamando a los dueños de los otros carros. Era como una pequeña batalla, en la que no importaba si no era el carro propio, no le podían dejar nada a esos policías.

La calle quedó vacía y el parqueadero cercano quedó sin cupo en cuestión de minutos. Solo quedó estacionado en la calle un Nissan Centra blanco. La grúa se ubicó justo al frente del automóvil y se bajó el operario. Este hombre sacó unos arneses y unas tablas de la grúa y amarró el carro. Enseguida volvió a subirse a la grúa, levantó el carro y arrancó. Todo eso lo hizo en segundos, como si fuera un mecánico de los Pits de Formula 1.

La grúa arrancó, los policías abordaron nuevamente sus vehículos y se fueron. Y el dueño del Nissan Centra blanco nunca llegó.

“Ahí es donde están los guardas del tránsito, en vez de estar pendientes cuando hay trancones o cuando se pasan los semáforos en rojo” comentaba un señor que desayunaba en el restaurante.

Lo verdaderamente curioso ocurrió después. Transcurrieron aproximadamente 15 minutos y aquella calle ya estaba llena de carros otra vez.

Fueron 5 minutos en los que se pudo ver el reflejo de una ciudad que ya no tiene rumbo y ha perdido el civismo. Donde la gente no respeta las normas de tránsito, que son el mínimo respeto que se le da a la ciudad. O donde los policías del tránsito nunca aparecen cuando ocurren cosas que ameritan su presencia, y si están cuando hay algo que ganar. Donde disfrutan haciendo pagar a los demás el incumplimiento de las normas. ¿Y alardeamos amor a la ciudad?

viernes, 20 de abril de 2007

No juguemos con la imagen de Colombia.


El jueves 19 de Abril de 2007 hubo una inusual alocución con rueda de prensa por parte del Presidente Álvaro Uribe Vélez. El motivo de esta fue la preocupación del señor Uribe porque según él los intereses de la nación se vieron afectados gracias a los “chismes” que le han inventado a su familia por nexos con el paramilitarismo. Pero ¿qué fue lo que pasó para que Uribe decidiera optar por usar un horario AAA para defenderse públicamente?

Sencillamente el ex candidato presidencial, ex vicepresidente de los Estados Unidos y además ganador de un oscar Al Gore se negó a compartir con el presidente Uribe en un foro de medioambiente en Miami al enterarse de estos debates y acusaciones. El presidente acusó a sus opositores de tratar de dañar el TLC y la ayuda de los Estados Unidos.

Pero lo que de verdad me extrañó fue ver al presidente de la “mano firme” rindiendo cuentas sobre su vida personal ante un grupo de periodistas de agencias reconocidas. Se veía pequeñito, nada imponente a pesar de su tono de voz. Le tocó explicar con detalle fechas y sucesos de los que se le acusan. Me pareció que el pobre parecía un niño dándole explicaciones a la mamá o a una profesora para evitar un castigo.

Entonces de verdad era necesario que el presidente se defendiera y negara ante cámaras su supuesta condición de Paramilitar, porque cuando se trata de la imagen del país la que esta en juego es algo de lo que nos debemos preocupar. A mi no me agrada Uribe, pero si me preocupa el país, y así no nos guste él es el representante del país y la imagen de Colombia ante la comunidad internacional, por eso merece respeto. Y tal vez sea más fructuosa una investigación discreta sobre el presidente, para acusarlo de lo que haya que acusarlo pero con pruebas en las manos. No juguemos con la imagen de Colombia. Y permítanmeque insista…Que Brillantes somos Dios mío.